El terremoto de la semana llegó desde Salzburgo. El 26 de marzo, el Festival anunció la separación inmediata de su director artístico Markus Hinterhäuser —pianista austriaco que ocupaba el cargo desde 2016, con contrato renovado hasta 2031— por «diferencias insalvables de opinión». La separación se produce a menos de cuatro meses de la apertura del festival de verano —17 de julio— y sin que haya sucesor designado. La presidenta Kristina Hammer y el director comercial Lukas Crepaz liderarán la edición 2026, que incluye la «Carmen» de Currentzis con Grigorian, la «Ariadna» de Garanča y el «Così fan tutte» de Mallwitz. Karajan, muchos años al frente de este festival y fundador del de Pascua en 1967, logró que fuese la catedral de la excelencia operística centroeuropea. Qué pensaría de esta imagen.
El Teatro Massimo de Palermo ha rescindido el contrato del director francés Frédéric Chaslin —que iba a dirigir la «Aida» en mayo— al aparecer su nombre en los archivos del pedófilo Jeffrey Epstein. Chaslin, que niega cualquier irregularidad y ha difundido un certificado del Departamento de Justicia estadounidense que le declara ajeno a toda investigación penal, envió una carta muy digna a los músicos de la orquesta invocando el honor siciliano. El Met también le había cancelado un contrato en febrero. La sombra de Epstein sobre el mundo clásico sigue alargándose: el nombre de Chaslin aparece en 376 documentos. La presunción de inocencia y la culpabilidad por asociación son conceptos que esta crisis lleva semanas confundiendo con cierta comodidad.
Alexander Neef presentó el 26 de marzo la temporada 2026/27 de la Ópera Nacional de París, con un anuncio central: en noviembre de 2026 se podrán ver dos ciclos completos del «Anillo del Nibelungo» de Wagner dirigidos por Calixto Bieito en escena y Pablo Heras-Casado en el podio, coincidiendo con el estreno de «El ocaso de los dioses» en octubre. La temporada incluye también el debut de Nathalie Stutzmann con Werther, un Don Giovanni con Peter Mattei y el estreno mundial de «Perle noire», sobre Josephine Baker, con Julia Bullock. Será la última temporada completa en el Palais Garnier antes de su cierre por reformas. Un «Anillo» concebido por españoles en la casa más importante de la ópera francesa: hay algo simbólicamente excesivo en eso, y por ello mismo es magnífico.
El 27 de marzo arrancó en Salzburgo el Festival de Pascua, y con él una nueva era: los Berliner Philharmoniker regresan a la ciudad que los vio nacer como orquesta de festival —Karajan los llevó allí en 1967— después de trece años en Baden-Baden. El «Das Rheingold» de apertura, dirigido por Kirill Petrenko y escenificado por Kirill Serebrennikov, con Christian Gerhaher como Wotan en debut de rol, ha cosechado las primeras crónicas entusiastas: Petrenko con «tacto esbelto y ágil», Gerhaher como «estafador traicionado» antes que como dios, Serebrennikov convirtiendo el agua en metáfora del oro. El festival dura hasta el 6 de abril.
Patrick Castillo, vicepresidente de Planificación Artística de la Filarmónica de Nueva York durante cinco años, ha enviado su carta de dimisión con efectivo fin de junio. Lebrecht lo interpretó sin rodeos: «Dudamel está haciendo limpieza de primavera». Castillo había diseñado una temporada 26/27 que los críticos califican de la más imaginativa de la NY Phil en años. Dudamel, que asumirá como director pleno en 2026/27, viene del modelo LA Phil, donde el director artístico controla el espacio de decisión. La carrera de Castillo en Nueva York deja uno de los legados más creativos en la planificación reciente de la orquesta. Que salga ahora dice más sobre cómo se gestiona el poder en los grandes conjuntos americanos que sobre cualquier diferencia artística.
El Festival Internacional de Santander ha presentado su 75ª edición, que se celebrará del 3 al 31 de agosto de 2026 y recupera la ópera escenificada tras 17 años de ausencia: «La flauta mágica» de Mozart, con dirección musical de David Afkham y escénica de Rolando Villazón, inaugurará el certamen. La clausura será histórica: la Orquesta del Festival de Bayreuth, en su 150 aniversario, actuará en España por primera vez bajo la batuta de Pablo Heras-Casado, con fragmentos del «Anillo». Sokolov, Trifonov, Leonskaja, Chailly con la Filarmónica de La Scala y María Dueñas completan una programación que hace honor al aniversario. Que Santander haya tardado 17 años en reponer la ópera es una nota aparte, pero el regreso no puede ser más espectacular.
El mismo día 26 de marzo en que Hinterhäuser era defenestrado en Salzburgo, el Norte tenía sus propias noticias. La Quincena Musical de San Sebastián presentó el avance de su 87ª edición —del 2 al 30 de agosto—, y el cartel es de los que justifican el verano vasco. Juan Diego Flórez inaugura el 2 de agosto con su regreso a Donostia después de más de dos décadas de ausencia, con el mismo programa que cerrará el Festival de Salzburgo el 30 de agosto. Daniel Harding y la Mahler Chamber Orchestra traen a Daniil Trifonov el 6. Grigory Sokolov regresa el 13. El 19, el festival moviliza todos los grandes conjuntos corales vascos —Euskadiko Orkestra, BOS, Orfeón Donostiarra, Easo Abesbatza— para el Réquiem de Berlioz bajo Erik Nielsen. El 22, estreno en Donostia de la nueva formación de Sir John Eliot Gardiner, The Constellation Choir & Orchestra, con Brahms y Mendelssohn. Y Juanjo Mena dirige el homenaje al bicentenario del fallecimiento de Juan Crisóstomo Arriaga. Que Santander y la Quincena presenten sus programas el mismo día y los dos sean tan ambiciosos dice algo sobre el verano musical español que no siempre se reconoce con justicia.
La crisis de Boston da un nuevo giro: un grupo de ciudadanos y donantes de la Sinfónica de Boston ha pedido formalmente al consejo directivo que convoque un debate público sobre el futuro de la institución tras el despido de Nelsons. Es la primera vez en décadas que la presión ciudadana se organiza de forma explícita contra una decisión del consejo. El consejo, que lleva semanas perfeccionando el arte de la no-declaración, aún no ha respondido. En el ínterin, el NY Times publicó un artículo sobre la crisis que Lebrecht calificó de incompleto y elusivo. Boston sigue siendo el enigma institucional del año.
La Sinfónica de la Radio de Frankfurt realizó una gira española completa —Girona, Barcelona, Madrid, Valencia— con la Novena de Mahler bajo la batuta de Alain Altinoglu, y las crónicas de Madrid del 24 de marzo coinciden en lo fundamental: una interpretación de rigor estructural y respiración orgánica, especialmente en el Adagio final, donde el director francés evitó todo embellecimiento fácil y optó por una vía áspera y descarnada. La crítica de Scherzo habla de «agonía susurrada que se desvaneció en un silencio inacabable» y Altinoglu aguardó con los brazos en alto varios segundos antes de ceder. Un móvil en el primer movimiento empañó un momento de concentración extrema. La orquesta, en particular sus segundos violines y su sección de metales, estuvo a altura de primer nivel europeo. La noche del 23 en L’Auditori, dentro de Barcelona Obertura, también dejó rastro crítico notable. La orquesta de Frankfurt, con casi un siglo de historia y un legado mahleriano extraordinario —las míticas grabaciones de Inbal están en la memoria de cualquier aficionado— sonó con autoridad natural y sin ostentación. En Barcelona el concierto se enmarcó en Barcelona Obertura, el festival que este año ha reunido a Grigorian, Flórez, Argerich y Savall en menos de un mes. Una temporada barcelonesa de ambición que pocas ciudades europeas pueden equiparar.
Las primeras reseñas del «Das Rheingold» inaugurado en Salzburgo confirman que la apuesta de Petrenko es tan coherente como diferente de la tradición colosal del mismo escenario bajo Karajan. El sonido es más delgado y ágil que potente; la orquesta canta antes que truena; Gerhaher construye un Wotan desde la pérdida de control más que desde el poder absoluto. Serebrennikov añade agua como metáfora del oro y figuras de diversas culturas que convierten el mito nórdico en algo más cercano al ritual universal. La producción promete ir creciendo con las entregas siguientes del ciclo —«La Walkiria» llegará en 2027—. Por ahora, el «Rheingold» ha sentado las bases de algo que puede resultar memorable.
Quedan las últimas funciones de la «Manon Lescaut» de Puccini con Asmik Grigorian en el Liceu —la temporada cierra el 1 de abril—, y el consenso crítico se ha consolidado: producción de Àlex Ollé discutida pero funcional, tenor Joshua Guerrero sólido desde la tercera función, y Grigorian como razón suficiente para cualquier distancia. El «Sola, perduta, abbandonata» del cuarto acto ha sido el momento más comentado de la temporada barcelonesa en lo que llevamos de año junto a la Isolda de Davidsen. Una soprano en la plenitud de su carrera, en un rol que no es el suyo canónico —la tesitura le exige demasiado hacia lo grave—, y aun así capaz de crear algo que los que estuvieron no olvidarán pronto.
La semana pasada pero que merece figurar en la hemeroteca de este informe: el 21 de marzo, Jessica Pratt bisó la escena de la locura de la «Lucia di Lammermoor» en el Teatro San Carlo de Nápoles ante un patio de butacas puesto en pie. La misma producción que el 18 de marzo había sobrevivido sin su número central —Rosa Feola fue víctima de una alergia y no hubo cobertura posible— resucitó tres días después como una de las grandes noches del año en el bel canto italiano. Pratt lleva décadas siendo considerada la especialista de referencia en Lucia, y esta noche en Nápoles habrá reforzado esa condición de manera que difícilmente un comunicado de agencia podría mejorar.
El lanzamiento discográfico más esperado de las próximas semanas es el álbum «Prokofiev» de Isata Kanneh-Mason para Decca Classics, que aparecerá el 10 de abril. Los singles ya están en Apple Music Classical: el Concierto para piano nº 3 al centro —grabado con Ryan Bancroft y la Philharmonia Orchestra—, rodeado de piezas tempranas, transcripciones de «Romeo y Julieta» y fragmentos de «El amor de las tres naranjas». Kanneh-Mason explica que escuchó el Concierto nº 3 a los 18 años en una grabación de Yuja Wang en YouTube y tardó ocho años en aprenderlo. Hay algo hermoso en esa confesión de paciencia.
El ciclo de «Manon Lescaut» con Asmik Grigorian termina el 1 de abril. Es la última oportunidad de verla en esta producción. Las funciones de esta semana —29 de marzo y 1 de abril— cuentan con Joshua Guerrero como Des Grieux. Si hay que elegir una sola noche barcelonesa de lo que queda de temporada, esta es la candidatura más sólida.
El Festival de Pascua sigue en marcha en Salzburgo hasta el 6 de abril, con representaciones adicionales del «Das Rheingold» de Petrenko/Serebrennikov, el gran concierto coral con la Octava de Mahler bajo Petrenko, y el concierto de los Berliner Philharmoniker Brass el 30 de marzo con música de cinco siglos. Para quien esté o pueda estar en Salzburgo esta Semana Santa, es la cita imprescindible de la temporada en Europa.
El martes 31 de marzo, Philippe Herreweghe y el Collegium Vocale Gent ofrecen la «Pasión según San Mateo» de Bach en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, dentro del ciclo La Filarmónica. Las entradas están agotadas. El día anterior, el 30 de marzo, el mismo programa puede escucharse en L’Auditori de Barcelona dentro del ciclo Ibercamera. Herreweghe tiene con esta obra una relación de décadas que convierte cada interpretación en algo diferente de todas las anteriores. No hay rutina posible en quien ha dedicado cincuenta años a entender esta partitura.
La 75ª edición recupera la ópera escenificada tras 17 años de ausencia: «La flauta mágica» de Mozart con David Afkham en el foso y Rolando Villazón en escena abre el festival el 3 de agosto. La clausura, a finales de mes, será histórica: la Orquesta del Festival de Bayreuth, en su 150 aniversario y bajo la batuta de Pablo Heras-Casado, actuará en España por primera vez, con fragmentos del «Anillo». Completan el cartel Sokolov, Trifonov, Leonskaja, Chailly con la Filarmónica de La Scala y María Dueñas. Una edición que hace honor a los 75 años.
Flórez inaugura el 2 de agosto con un programa que, significativamente, clausurará también el Festival de Salzburgo el 30 —un detalle que habla por sí solo de la categoría recuperada—. Harding con la Mahler Chamber Orchestra y Daniil Trifonov el 6. Sokolov el 13 con Beethoven y Schubert. El 19, el Réquiem de Berlioz reuniendo a Euskadiko Orkestra, BOS, Orfeón Donostiarra y Easo Abesbatza bajo Erik Nielsen. El 22, estreno en Donostia de The Constellation Choir & Orchestra, la nueva formación de Sir John Eliot Gardiner. Juanjo Mena dirige el homenaje a Arriaga en el bicentenario de su muerte. La Seoul Philharmonic y la Orquesta de La Scala completan un cartel extraordinario. Los Amigos tienen plazo de abono hasta el 1 de abril.
El Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial —que cumple 20 años y estrena este año temporada propia de la mano de Alondra de la Parra— ofrece tres conciertos de música sacra para esta Semana Santa. El miércoles 1 de abril, el Coro de la Comunidad de Madrid con conjunto instrumental ORCAM bajo la batuta de Javier Carmena interpreta el «Stabat Mater» de Pergolesi y el «Gloria» de Vivaldi en la Sala de Cámara: dos miradas complementarias sobre la Pasión, del lamento íntimo al júbilo contemplativo. El sábado 4, el Cuarteto Bretón aborda «Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz» de Haydn, una de las obras más hondas y menos frecuentadas del catálogo del compositor austriaco. El domingo 5, sesión en colaboración con el Festival Internacional de Arte Sacro. Tres oportunidades para escuchar música espiritual de primer nivel en uno de los entornos patrimoniales más sobrecogedores de España. El Escorial en Semana Santa es una idea que siempre ha existido en abstracto. Que alguien la haya convertido en programa concreto merece reconocimiento.
El chelista Carter Brey, principal de la Filarmónica de Nueva York durante muchos años, ha anunciado su retirada para el final de esta temporada. En su comunicado empleó una metáfora marinera que merece ser recordada: «Entre los marineros de altura existe el dicho de que si estás pensando en arriar vela, ya es tarde para hacerlo». La elegancia de la frase contrasta con el momento institucional de su orquesta, que acumula cambios a velocidad inusual. Dudamel le respondió con un comunicado igualmente elegante. El mundo clásico sabe escribir despedidas.
Slippedisc recoge esta semana el cumpleaños de quien ostenta, sin discusión aparente, el título de director de orquesta más anciano del mundo. 104 años. El nombre no trasciende en los fragmentos disponibles, pero la existencia misma del hecho es ya una noticia: alguien que empezó a batir el compás antes de la Segunda Guerra Mundial sigue haciéndolo en 2026. Hay una obstinación en eso que resulta más conmovedora que cualquier elogio artístico. Que nadie le convenza de que pare.
El Museo del Oratorio de San Colombano de Bolonia ha lanzado una alerta sobre el estado de conservación de su colección de instrumentos históricos. La noticia apunta a problemas de financiación y mantenimiento que amenazan piezas irreemplazables. Es un tipo de pérdida que no genera titulares hasta que ya es irreversible: los instrumentos que envejecen sin cuidado no explotan ni se incendian; simplemente se deterioran en silencio hasta que alguien decide que ya no vale la pena restaurarlos. El patrimonio musical material de Europa lleva décadas dependiendo de entusiastas locales antes que de políticas culturales serias.
Lisa Nandy, ministra de Cultura británica, ha decidido —con la elegante expresión inglesa de «kick into the long grass»— no publicar de momento el informe del Arts Council sobre la distribución de fondos culturales en el país. El informe, encargado meses atrás en medio de polémica sobre si los fondos favorecían a Londres sobre el resto del país, lleva semanas esperando luz verde. Enterrar un informe es siempre una declaración política más clara que cualquier otra. La comunidad musical británica lo ha interpretado en consecuencia.
El festival de Glyndebourne ha nombrado a sus jóvenes artistas Jerwood para la edición de 2026, el programa de desarrollo de cantantes con el que el festival lleva décadas formando a los protagonistas de la próxima generación. Los nombres seleccionados este año incluyen perfiles de procedencias diversas que reflejan la globalización del talento lírico: Asia, América Latina, Europa del Este. Que Glyndebourne siga siendo capaz de atraer a lo mejor de cada generación, mientras los festivales continentales discuten sus presupuestos y sus escándalos, dice algo sobre cómo se sostiene una reputación a largo plazo.
El Festival de Salzburgo despide a su director artístico a cuatro meses de la apertura. El Festival de Pascua —otro Salzburgo, literalmente— inauguró esta semana su «Anillo» más esperado en décadas. Los dos Salzburgo se han cruzado de un modo que roza lo parabólico: uno empieza algo histórico; el otro acaba de perder al hombre que llevaba nueve años construyendo lo que venía. La institución que abre y la que se desmorona, en el mismo escenario geográfico, con diferencia de días. Karajan habría entendido perfectamente esta ironía. La habría desestimado, además, con esa mezcla de desdén y lucidez que siempre le caracterizó.
El caso Chaslin merece una reflexión que casi nadie está haciendo públicamente. Los archivos Epstein no le acusan de nada: le vinculan a conversaciones con alguien que sí era culpable. Las diferencias entre «conocer a alguien», «colaborar con alguien» y «participar en sus crímenes» son distinciones que el Derecho penal occidental tardó siglos en establecer. La ola Epstein parece dispuesta a borrarlas en cuestión de semanas. Que un teatro pueda rescindir un contrato artístico sin proceso, sin cargo, sin condena, únicamente porque el nombre del director aparece en correos electrónicos de un criminal —correos que el propio director no niega, aunque los contextualiza— es una forma de justicia que tiene un nombre antiguo. No estoy defendiendo a Chaslin. Estoy defendiendo el procedimiento.
Santander y Donostia presentaron sus programas el mismo día. Nadie habló de eso. Cada festival anunció sus grandes nombres por separado, cada medio lo recogió por separado, y el resultado es que el verano musical del Cantábrico se perfila como uno de los más ricos de Europa sin que nadie lo haya proclamado en conjunto. Flórez en Donostia el 2 de agosto con el mismo programa que en Salzburgo el 30. La Orquesta de Bayreuth en Santander por primera vez. Harding y Trifonov. Sokolov. Gardiner. Arriaga. Berlioz con cuatro conjuntos vascos. Chailly y la Scala. Todo eso entre el Cantábrico y el Kursaal. Dos buenos sitios donde pasar agosto.
Pero antes de agosto hay una Semana Santa, y esta tiene sus propios argumentos. El Escorial ofrece los días 1, 4 y 5 de abril tres conciertos de música sacra que merecen atención por sí mismos y por lo que representan: la primera temporada estable de la ORCAM en ese auditorio, bajo la dirección artística de Alondra de la Parra, supone un compromiso de la Comunidad de Madrid con un territorio y un espacio que lleva demasiado tiempo infrautilizado. Pergolesi, Vivaldi y Haydn en la sierra madrileña, en el entorno del monasterio, en las fechas en que ese repertorio tiene más sentido. Que Haydn escribiera «Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz» para ser interpretadas durante los oficios del Viernes Santo en Cádiz —una obra de una concentración espiritual extraordinaria que casi nunca se programa— y que el Cuarteto Bretón la lleve a El Escorial el 4 de abril es exactamente el tipo de coincidencia que, cuando ocurre, convierte un concierto en algo más que un concierto. Vale la pena subir a la sierra.
La cita madrileña arranca con un perfil netamente barroco y una nómina de peso. William Christie, Les Arts Florissants, Josetxu Obregón, La Ritirata y el Coro de la ORCAM figuran entre los nombres más atractivos de una edición que vuelve a apostar fuerte por la música antigua.
Iria Goti anuncia recitales en Valencia y Barcelona con Wolf, Schubert, Turina y zarzuela
La soprano española suma dos nuevas citas en el Palau de la Música de València y el Círculo del Liceo. La acompañan Leonardo Moyano, Carlos Varela Hernani y Francisco Cholbi en programas que combinan lied, mélodie, canción española y repertorio lírico.
Europa
La London Philharmonic estrena en Reino Unido el Choral Concerto: Nine de Tan Dun
Tan Dun dirigió en Londres una obra de gran aparato coral y percusivo, con guiños a la Novena de Beethoven y abundantes efectos tímbricos. En el programa participaron la London Philharmonic Orchestra, el London Philharmonic Choir y el London Chinese Philharmonic Choir, con Elizabeth Watts, Hongni Wu, John Findon y Matthew Rose.
Rolando Villazón gana el Premio Rheingau Musik
El tenor mexicano-francés suma un nuevo reconocimiento a una trayectoria que desborda el escenario. El jurado destaca no solo su voz y su carisma, sino también su labor como regista, divulgador, autor y mentor de nuevas generaciones.
La Komische Oper de Berlín estrena Belshazzar de Händel con George Petrou y regia de Herbert Fritsch
La casa berlinesa lleva a escena el gran oratorio dramático de Händel con un enfoque visual muy marcado y una lectura musical de fuerte pulso. Robert Murray, Soraya Mafi, Susan Zarrabi y Ray Chenez encabezan un reparto recibido con entusiasmo por el público.
Birmingham presenta su nueva temporada clásica con Tan Dun, Beethoven y Bach
La programación vocal de B:Music mezcla repertorio central y voces emergentes. Sobresalen la Novena de Beethoven dirigida por Tan Dun, la Pasión según San Juan con Jeffrey Skidmore y un recital de la soprano islandesa Álfheiður Erla Guðmundsdóttir.
La Ópera Nacional de Finlandia anuncia un nuevo Orfeo con Tero Saarinen y Appo Häkkinen
La primera novedad de la temporada 2026-27 en Helsinki será una nueva producción de Gluck. Michał Sławecki y Kangmin Justin Kim alternarán el papel titular, con Suvi Väyrynen, Saara Rauvala, Sonja Herranen y Anna Barletta en el reparto.
Resto del mundo
Riccardo Muti reprende al público de Chicago por llegar tarde al concierto
El maestro italiano, en su concierto número 600 con la Sinfónica de Chicago, estalló ante una nueva oleada de entradas tardías. El episodio ha reabierto el debate sobre el respeto al ritual del concierto y la disciplina en la sala.
Un violonchelista toca entre las ruinas del sur de Beirut
Mahdi Sahely ha convertido un paisaje devastado en escenario para seguir estudiando a Khachaturian y Elgar. La imagen, de enorme fuerza simbólica, recuerda hasta qué punto la música puede sobrevivir incluso en medio de la destrucción.
La compañía sudafricana diseña una temporada variada, con ópera, conciertos comunitarios, propuestas familiares y proyección internacional. Bizet, Gounod, Gershwin y Janáček conviven en una programación ambiciosa y con clara vocación pública.
Pinchgut Opera anuncia una temporada 2026 centrada en Bach, Telemann, Scarlatti y Händel
La formación australiana mantiene su sello barroco con un plan coherente y atractivo. Erin Helyard será pieza central de una temporada que incluye Il primo omicidio, conciertos de cantatas y una nueva Semele.
Wolf Trap anuncia su temporada 2026 con Renée Fleming, Tosca, Eugene Onegin y Beethoven
La programación estadounidense combina títulos populares, formación de jóvenes artistas y grandes nombres. Renée Fleming, Gianandrea Noseda, Louis Lohraseb y José Luis Gómez destacan en una oferta que mezcla escena, recitales y clases magistrales.
Leonard Slatkin, nuevo director musical de la Sinfónica de Nashville
El veterano maestro estadounidense asumirá el cargo al inicio de la temporada 2026-27 por un periodo de tres años. La orquesta refuerza así su perfil institucional con una figura de experiencia, autoridad y fuerte proyección pedagógica.
Un director de 13 años ficha por la Sinfónica de Odense
Arijus Šereckis, alumno del legendario Jorma Panula, dirigirá la próxima temporada a la orquesta danesa. El caso ha despertado sorpresa y curiosidad en el circuito por la precocidad de un talento que ya empieza a circular con fuerza.